Rápidamente ella se puso sus patines y yo le deseé toda la suerte del mundo, ella merecía ganar.
Nuevamente me llegó un mensaje, de Alex.
“De: Alex
Para: Taylor
Perdón”.
Mi furia creció, descarado.
“Para: Alex
De: Taylor
Vete a la mierda”.
Soy tierna, lo sé.
El concurso pasó como agua, como era de esperarse, ganó Sam. Luego de felicitarla, ella se fue a cenar con Joe y sus padres, yo me fui a casa. 8:30pm, genial.
Al llegar saludé a las chicas, lo chicos habían salido.
Me fui al living y terminé de estudiar todo lo que debía estudiar hasta que el reloj marcó las 9:30pm y los chicos no habían llegado. Me preparé un sándwich, me duché, me puse mi pijama, dejé la ropa sucia en el ducto de la lavandería, me cepillé los dientes, lavé mi rostro y justo cuando me iba a dormir, Chris entró a la habitación.
— ¿Cómo les fue? –Sonrió–
— Genial, Sam ganó –Sonreí–
— Me alegro –Rió– Buenas noches, pequeña –Besó mi frente–
— Duerme bien Chris –Reí–
Las chicas llegaron y se pusieron sus pijamas, se acostaron a dormir y yo hice lo mismo, feliz, pero aún así dolida porque sabía que mi sonrisa era momentánea, mi pasado aún me hacía sufrir y lo haría hasta que llegara esa persona que hiciera que yo cambiara de opinión, esa persona que encontrara la forma de borrar mi cicatrices con sonrisas y borrar mis llantos con risas.
En mi mente comenzó a sonar esa canción, la que había escrito.
“Tu voz permanece aquí en un terrible dolor
Que no puede sanar
Se siente tan real
Hay tanto que el tiempo no borrará
Nuevamente me llegó un mensaje, de Alex.
“De: Alex
Para: Taylor
Perdón”.
Mi furia creció, descarado.
“Para: Alex
De: Taylor
Vete a la mierda”.
Soy tierna, lo sé.
El concurso pasó como agua, como era de esperarse, ganó Sam. Luego de felicitarla, ella se fue a cenar con Joe y sus padres, yo me fui a casa. 8:30pm, genial.
Al llegar saludé a las chicas, lo chicos habían salido.
Me fui al living y terminé de estudiar todo lo que debía estudiar hasta que el reloj marcó las 9:30pm y los chicos no habían llegado. Me preparé un sándwich, me duché, me puse mi pijama, dejé la ropa sucia en el ducto de la lavandería, me cepillé los dientes, lavé mi rostro y justo cuando me iba a dormir, Chris entró a la habitación.
— ¿Cómo les fue? –Sonrió–
— Genial, Sam ganó –Sonreí–
— Me alegro –Rió– Buenas noches, pequeña –Besó mi frente–
— Duerme bien Chris –Reí–
Las chicas llegaron y se pusieron sus pijamas, se acostaron a dormir y yo hice lo mismo, feliz, pero aún así dolida porque sabía que mi sonrisa era momentánea, mi pasado aún me hacía sufrir y lo haría hasta que llegara esa persona que hiciera que yo cambiara de opinión, esa persona que encontrara la forma de borrar mi cicatrices con sonrisas y borrar mis llantos con risas.
En mi mente comenzó a sonar esa canción, la que había escrito.
“Tu voz permanece aquí en un terrible dolor
Que no puede sanar
Se siente tan real
Hay tanto que el tiempo no borrará
Llora, tus lágrimas he de secar
Grita, tus miedos he de ahuyentar
Tomé tu mano al caminar
Siempre tendrás
Todo de mí”.
Era la parte que se repetía dolorosamente, sin cesar.
— Voy a dormir y al diablo con lo que mi mente me diga, no soy títere de mis recuerdos –Murmuré para mí misma mientras cerraba pesadamente mis ojos–
Grita, tus miedos he de ahuyentar
Tomé tu mano al caminar
Siempre tendrás
Todo de mí”.
Era la parte que se repetía dolorosamente, sin cesar.
— Voy a dormir y al diablo con lo que mi mente me diga, no soy títere de mis recuerdos –Murmuré para mí misma mientras cerraba pesadamente mis ojos–
—Narrador omnisciente—
Taylor cerró sus ojos de avellana y producto a su agitado día se durmió fácilmente, pero lo que ella no sabía era que al dormir sufriría más por sus miedos, que si estuviera despierta.
Todo comenzó con un simple sueño, en donde ella caminaba por una hermosa pradera de pasto verde, frondosos y grandes árboles y flores de mil tamaños y colores.
Ella iba caminando pacíficamente, riendo y jugando con mariposas, pero esa no era ella, era la niña que había sido hace más de cuatro años; esa era Anne O’ Conelle Muñóz, una infante de ocho años que disfrutaba de la vida que vivía con una pareja de padres ejemplares, un hermano cariñoso y unos tíos atentos (Mariatte y Collins, su esposo).
— ¡Taylor, mi vida!
Taylor cerró sus ojos de avellana y producto a su agitado día se durmió fácilmente, pero lo que ella no sabía era que al dormir sufriría más por sus miedos, que si estuviera despierta.
Todo comenzó con un simple sueño, en donde ella caminaba por una hermosa pradera de pasto verde, frondosos y grandes árboles y flores de mil tamaños y colores.
Ella iba caminando pacíficamente, riendo y jugando con mariposas, pero esa no era ella, era la niña que había sido hace más de cuatro años; esa era Anne O’ Conelle Muñóz, una infante de ocho años que disfrutaba de la vida que vivía con una pareja de padres ejemplares, un hermano cariñoso y unos tíos atentos (Mariatte y Collins, su esposo).
— ¡Taylor, mi vida!
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