Habían pasado ya cinco minutos desde que la luz del ascensor se había apagado ¡Que buena suerte! Estaba atrapado en este maldito ascensor, con nadie más que Mía. ¡Maldita sea!
Maldecía por la insoportable falta de luz. Maldecía por el irritante calor que había en todos los rincones de este pequeño lugar. Maldecía la hora que seguía avanzando con una lentitud intolerable. Maldecía a los técnicos por ser unos ineptos y no solucionar el problema.
-¿Puedes quedarte quieto por lo menos cinco segundos? Tus temblores me desesperan.-La voz cansada de Mía lo hicieron voltear hacia ella. Los destellos brillantes que liberaba su piel a causa del sudor parecieron cegarlo por unos instantes. ¡Maldita sea! ¿Debía ser ella la que estuviera ahí junto a él? No era sano para su salud menta, y menos con ese diminuto vestido blanco que se ceñía de manera magistral a su menuda figura.
-Quiero salir de aquí.-Exclamé exasperado.
-¿Y crees que yo no? ¡Llegaré tarde a mi cita!
-¿Vas a una cita?
-Sí -Fue una respuesta monótona.-¡Estos tacones me están matando!
-¿Y crees que yo no? ¡Llegaré tarde a mi cita!
-¿Vas a una cita?
-Sí -Fue una respuesta monótona.-¡Estos tacones me están matando!
Los temblores de mi cuerpo se intensificaron al notar la delicada mano de Mía posarse en mi hombro. Mía me miró con una extraña mueca. Se apoyó de la puerta cerrada del ascensor mientas se libreaba de sus zapatillas, pues, si buscaba apoyo en mi, lo más posible era que se cayera directa contra el suelo.
-Harry, ¿te sientes bien?
-Perfectamente -Respire hondo con la intención de calmarme. Mire a la Mía por escasos segundos -Flexioné mis rodillas hasta sentir mi trasero impactarse suavemente contra el suelo.
-Yo también. Estos zapatos me matan los pies.-Me esforcé pata no desviar mis ojos del techo. Sentí la figura de Mía sentarse frente a mi e imagine la altura en que le había subido la base de su vestido, mostrando más piel de la que debería.
-Perfectamente -Respire hondo con la intención de calmarme. Mire a la Mía por escasos segundos -Flexioné mis rodillas hasta sentir mi trasero impactarse suavemente contra el suelo.
-Yo también. Estos zapatos me matan los pies.-Me esforcé pata no desviar mis ojos del techo. Sentí la figura de Mía sentarse frente a mi e imagine la altura en que le había subido la base de su vestido, mostrando más piel de la que debería.
Cerré los ojos. ¿Quién demonios me había dicho "Enamorate de Mía", "Desea a Mía", "Fantasea con Mía"? Nadie...En el corazón, ni en la mente...no se manda.
Años de amistad en los que esa chica ocupaba la mayor parte de mis pensamientos, y no precisamente como la hermanita de su amigo. ¿Qué pensaba ella?
"-Eres como mi hermana, Mía".
Eso se lo había dicho muchas veces, y él se recriminaba por ser un completo idiota. ¿No podía besarla y hacerle ver que no era su hermano?
-¿Con quién ibas a salir?-Pregunté tratando de cambiar de tema.
-Con Cody.
-Con Cody.
¡Maldito Cody! ¿No es que era su amigo?
Los minutos dentro de ese lugar continuaban avanzando con increíble lentitud. De vez en cuando, desviaba mis ojos del techo para observar mi reloj de pulsera. El calor aumentaba con el paso de cada segundo, por lo que me quité mi chaqueta.
-Harry...
-¿Qué?
-Nada -La voz de Mía sonó con un poco de inseguridad. En ese momento, la miré: Mía mantenía su cabeza apoyada en la puerta, cerca de los botones que marcaban los pisos del edificio. Había cerrado los ojos, seguramente por esa sensación de estar dopado por el calor.
-¿Qué?
-Nada -La voz de Mía sonó con un poco de inseguridad. En ese momento, la miré: Mía mantenía su cabeza apoyada en la puerta, cerca de los botones que marcaban los pisos del edificio. Había cerrado los ojos, seguramente por esa sensación de estar dopado por el calor.
No desaproveché la oportunidad de verla detalladamente, conduciendo mis ojos por el pecho de ella, y llegando ajusto a lo que yo nombraba "La Gloria". Pequeñas gotas de sudor resbalaban por su piel, y aquello sólo provocó que mi cuerpo se calentara más de lo debido, y no gracias al calor. Sus piernas estaban flexionadas una sobre la otra, adoptando la cómoda posición indígena. La belleza y hermosura de aquella chica me hicieron suspirar. Me encontraba ante la perfección en persona, al menos para mi.
-¡Maldición! -Exclamé al sentir cierta parte ubicada entre mis piernas tensarse y agrandarse. Tomé el chaleco que se encontraba junto a mi, y me lo puse con velocidad sobre mi regazo.
Observe de nuevo el rostro de Mía, la cual se encontraba aún con los ojos cerrados. Suspiró. ¿Que pensaría Zayn su se entera de las fantasías que anhelaba hacer realidad junto a su hermana? O, para decir mejor ¿Que pensaría ella?
"-Eres como mi hermano, Harry."
Esas palabras taladraban su cabeza hasta provocar una molesta jaqueca. ¡No era su hermano, maldita sea, NO LO ERA!
-Harry...
-Dime...-Mis ojos continuaban mirándola con ese reflejo de veneración y deseo.
-Hace mucho calor.-Mía puso su cabeza recta y me miró.
-Si...mucho calor.
-¿Por qué te tapas con eso?-La joven señaló la chaqueta que tenía sobre mis piernas, enrojecí sin podre evitarlo.
-Eh...pues...yo.-Tartamudeé.
-¿Porque tardan tanto en arreglar este problema?-Agradecí el que Mía cambiara de tema.
-Esto nos pasa por vivir en un edificio.-Reí para destensarme.
-Si, aun que me agrada, y más por el hecho de que eres mi vecino- Ella me sonrió abiertamente, y me perdí en la perfecta curva de sus labios rosas.
-Si, tu vecino...-Los temblores regresaron a mi cuerpo cuando sentí la figura de la castaña moverse para estar a mi lado. Ella enredó unos de sus brazos con el mio, y apoyó la cabeza en su fuerte hombro.
-Al menos estoy encerrada contigo.-Mis exhalaciones crecieron al sentir la respiración de Mía en mi oreja y parte de mi cuello. El bulto en mi entrepierna sin duda debía ser más notorio.
-Dime...-Mis ojos continuaban mirándola con ese reflejo de veneración y deseo.
-Hace mucho calor.-Mía puso su cabeza recta y me miró.
-Si...mucho calor.
-¿Por qué te tapas con eso?-La joven señaló la chaqueta que tenía sobre mis piernas, enrojecí sin podre evitarlo.
-Eh...pues...yo.-Tartamudeé.
-¿Porque tardan tanto en arreglar este problema?-Agradecí el que Mía cambiara de tema.
-Esto nos pasa por vivir en un edificio.-Reí para destensarme.
-Si, aun que me agrada, y más por el hecho de que eres mi vecino- Ella me sonrió abiertamente, y me perdí en la perfecta curva de sus labios rosas.
-Si, tu vecino...-Los temblores regresaron a mi cuerpo cuando sentí la figura de la castaña moverse para estar a mi lado. Ella enredó unos de sus brazos con el mio, y apoyó la cabeza en su fuerte hombro.
-Al menos estoy encerrada contigo.-Mis exhalaciones crecieron al sentir la respiración de Mía en mi oreja y parte de mi cuello. El bulto en mi entrepierna sin duda debía ser más notorio.
Los minutos continuaban avanzando; segundo por segundo. Imaginé la alegría que tendría si movía mi rostro tan sólo un poco, logrando rozar la boca de Mía con la suya por lo menos una fracción de segundo. ¿Ella lo rechazaría?
"-Eres como mi hermano, Harry. "
Maldicion, ¡No es tu hermana! ¡Maldita sea no lo es! Puedes hacerlo.
Mi conciencia actuó como un motivador profesional, y obtuvo buenos resultados.
Mi cabeza giró hacia la derecha captando el aliento de Mía ahora en su mentón. Bajé mi rostro unos milímetros y la besé.
Un simple roce, más inocente que los besos de niños, fue lo que pudo disfrutar. Mía se había movido rápidamente, rompiendo el cálido contacto. La miré.
-Harry...
-No soy tu hermano Mía. No lo soy.
-No soy tu hermano Mía. No lo soy.
Mía tomo mi rostro con cierta brusquedad y lo acerco a ella con notable desesperación. El choque de mis labios con los de ella la obligó a entreabrir la boca con velocidad. Bendije ese acto, y con el deseo ahora irradiando en cada poro de su piel, percibió la suave textura de la lengua de Mía entrar en contacto con la mia.
Si existían las incontrolables mariposas que revoloteaban en mi estomago con la velocidad de las alas de una libélula. El calor sofocante subió, más no era insoportable. La felicidad se acrecentó dentro de mi como un huracán dispuesto a destruir media ciudad. La exitacion en cada parte de mi cuerpo aumentó altamente.
Los delgados brazos de Mía se enredaron en mi cuello, mientras los míos se aferraron a su estrecha cintura. Ahora nos encontrábamos arrodillados, justo en el centro de aquel pequeño ascensor. Mis manos, anhelantes por recorrer caminos que deseaba explorar desde hace tiempo, despertaron del sedante que había producido el intenso vapor. Recorrí con lentitud la menuda espalda de Mía deslizando mis dedos por la suavidad de su cabello suelto. Su aroma a primavera fresa me hicieron suspirar dentro de su boca, y aquello ocasionó que el cuerpo de ella se apretara junto al suyo.
Ella gimió al percibir el duro contacto de mi entrepierna contra su vientre. Rompió el beso, y lo observo fijamente. Aquellos hipnotizantes ojos color verde me hicieron estremecer. Se mordió el labio inferior ante la visión de lo que podía suceder. Me miró, yo la admiraba como una vehemencia que provocó un suspiró de entre sus labios.
-No eres mi hermano Harry.
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