— Yo…También siento cosas por ti, Justin –Le
confesó ella, mientras se sonrojaba–
— Perdona mi falta de romanticismo, pero –Hizo una pausa nerviosa– ¿Me concederías el honor de hacerte llamar mi novia? –Ella no dijo nada, simplemente puso su mano la nuca del muchacho, lo acercó a ella y lo besó como si fuera su último beso–
— Te quiero, Justin –Ella esbozó una coqueta sonrisa, él sacó de su bolsillo un pequeño collar plateado, con un dije turquesa– ¿Y eso?
— Es para ti, quiero que te lo quites cuando me dejes de querer –Sentenció él y se lo puso a su amada en el cuello, definitivamente se veía hermosa con su vestido, pero el collar le ayudaba bastante.
— Perdona mi falta de romanticismo, pero –Hizo una pausa nerviosa– ¿Me concederías el honor de hacerte llamar mi novia? –Ella no dijo nada, simplemente puso su mano la nuca del muchacho, lo acercó a ella y lo besó como si fuera su último beso–
— Te quiero, Justin –Ella esbozó una coqueta sonrisa, él sacó de su bolsillo un pequeño collar plateado, con un dije turquesa– ¿Y eso?
— Es para ti, quiero que te lo quites cuando me dejes de querer –Sentenció él y se lo puso a su amada en el cuello, definitivamente se veía hermosa con su vestido, pero el collar le ayudaba bastante.
— Supongo que nunca me lo
llegaré a quitar –Le contestó ella, Justin sonrió–
— Me encantaría que así fuera –Suspiró pesadamente– ¿Vamos adentro?
— Vamos –Sonrió ella y le tomó de la mano–
Digamos que todo sucedió rápido. Los chicos y las chicas los felicitaron por su noviazgo y luego de unos minutos todos partieron camino a la escuela para recibir sus respectivos diplomas y bailar un poco.
Todos estaban felices por haber salido oficialmente de aquella secundaria que siempre marcaría sus vidas.
Taylor y Justin bailaron largas horas, hasta que el reloj dio las doce en punto y aquel chico decidió decirle toda la verdad a la chica, toda la verdad sobre él.
— ¿Podemos hablar un segundo? –Ella asintió. Justin le tomó la mano y la llevó afuera, al jardín de la escuela. Como en toda novela o película romántica se sentaron en un banco con el manto de estrellas que les brindaba la noche sobre ellos y la luna de miel testigo. Él tomó su mano– ¿Recuerdas cuándo cada día te preguntabas por tu ángel guardián? –Le preguntó, mirándola directamente a los ojos–
— ¿Tú cómo sabes eso? –Ella se paró del banco y lo miró desconfiadamente–
— Porque yo soy ese por el que siempre preguntaste, yo soy quien, según tú, creía tener vacaciones –Ella retrocedió más, Justin se paró y la tomó de la cintura– No me temas, yo nunca te haría daño –Le dijo–
— Tú no me amas, sólo eres mi novio para protegerme. Cuando mis padres murieron no estuviste ahí. Nunca me salvaste de momentos dolorosos o vergonzosos –Protestó la castaña–
— Si te amo, y he condenado mi vida por ti. Mi deber siempre fue cuidarte, y así lo he hecho. Tomé mi forma humana el día en que naciste y hasta entonces te estuve buscando. Te encontré el día en que nos conocimos y desde entonces he estado para ti, cada minuto y en cada momento en que tú te haz deprimido.
— No te creo –Dijo ella con sus ojos llorosos– Me mentiste toda mi vida, ahora no creo que sea la excepción –Le gritó la chica mientras dejaba escapar algunas lágrimas–
— No te mentí, tenía que ocultarme para ayudarte –Le explicó–
— Si es así, ¿cómo se que realmente me amas? –Preguntó ella mientras lloraba– He perdido a cada familiar que había creído que me amaba, menos a mis padres, porque ellos si me amaban, pero ¿los demás? Eran falsos, así que ahora quiero que me digas, como creerte.
— Porque sé todo sobre ti, porque nunca te he lastimado, porque sé que no puedes decirme que no quieres mis besos ni siquiera en tus sueños, porque tú me amas tanto como te amo yo a ti. Porque en mi mente todo es sobre ti, porque prefiero condenar mi vida amándote en vez de ser inmortal…Y porque definitivamente, quiero besar tus labios cada vez que te veo, ellos siempre han estado en fuego –Justin se iba acercando lentamente a Taylor, hasta que el tiempo se congeló para todos menos para él y la misma voz de siempre, apareció–
— Rompiste las reglas, Bieber.
— Pero lo hice por amor –Explicó Justin–
— Eso no importa, sabías que no la podías amar.
— Nadie manda al corazón –Protestó Justin–
— Bieber, tú decides: Ella o tu vida –Él tenía dos opciones: La amaba a ella o moría. Moría como un mortal cualquiera–
— Ella. –Dijo decidido– Y antes de que me hagas cualquier cosa, sólo permíteme hacer lo último, cumplir mi deseo: Besarla –Rogó el castaño–
— Tu deseo es el único y último –El guía de Bieber desapareció, Justin volvió a su posición y antes de rozar sus labios con los de ella, el tiempo volvió a correr. Cuando estuvo a punto de besarla, se alejó un poco y contempló cada centímetro de su rostro–
— Amor, esta será la última vez que te bese; así que quieres que sigas adelante con tu vida y que siempre recuerdes que te amo y te amaré, donde quiera que esté.
— Pero, ¿cómo dices eso? Este no será el último, Justin, no lo será –Dijo ella y las lágrimas no tardaron en llenar su rostro–
— Eras tú o mi vida, te elegí a ti –Él la besó con pasión, amor y dulzura. Saboreó cada milímetro de sus labios y jugó levemente con su lengua, hasta que el oxígeno los traicionó y se separaron– Tú eres hermosa , te amo–Justin desapareció, él había muerto como mortal, sólo sería un ángel de ese día en adelante–
— También te amo, Justin –Susurró Taylor, miró al cielo y secó sus lágrimas– Te amaré donde sea que estés –Frente a los ojos de la castaña pasó un cometa, ella sonrió ampliamente– Siempre lo haré.
— Me encantaría que así fuera –Suspiró pesadamente– ¿Vamos adentro?
— Vamos –Sonrió ella y le tomó de la mano–
Digamos que todo sucedió rápido. Los chicos y las chicas los felicitaron por su noviazgo y luego de unos minutos todos partieron camino a la escuela para recibir sus respectivos diplomas y bailar un poco.
Todos estaban felices por haber salido oficialmente de aquella secundaria que siempre marcaría sus vidas.
Taylor y Justin bailaron largas horas, hasta que el reloj dio las doce en punto y aquel chico decidió decirle toda la verdad a la chica, toda la verdad sobre él.
— ¿Podemos hablar un segundo? –Ella asintió. Justin le tomó la mano y la llevó afuera, al jardín de la escuela. Como en toda novela o película romántica se sentaron en un banco con el manto de estrellas que les brindaba la noche sobre ellos y la luna de miel testigo. Él tomó su mano– ¿Recuerdas cuándo cada día te preguntabas por tu ángel guardián? –Le preguntó, mirándola directamente a los ojos–
— ¿Tú cómo sabes eso? –Ella se paró del banco y lo miró desconfiadamente–
— Porque yo soy ese por el que siempre preguntaste, yo soy quien, según tú, creía tener vacaciones –Ella retrocedió más, Justin se paró y la tomó de la cintura– No me temas, yo nunca te haría daño –Le dijo–
— Tú no me amas, sólo eres mi novio para protegerme. Cuando mis padres murieron no estuviste ahí. Nunca me salvaste de momentos dolorosos o vergonzosos –Protestó la castaña–
— Si te amo, y he condenado mi vida por ti. Mi deber siempre fue cuidarte, y así lo he hecho. Tomé mi forma humana el día en que naciste y hasta entonces te estuve buscando. Te encontré el día en que nos conocimos y desde entonces he estado para ti, cada minuto y en cada momento en que tú te haz deprimido.
— No te creo –Dijo ella con sus ojos llorosos– Me mentiste toda mi vida, ahora no creo que sea la excepción –Le gritó la chica mientras dejaba escapar algunas lágrimas–
— No te mentí, tenía que ocultarme para ayudarte –Le explicó–
— Si es así, ¿cómo se que realmente me amas? –Preguntó ella mientras lloraba– He perdido a cada familiar que había creído que me amaba, menos a mis padres, porque ellos si me amaban, pero ¿los demás? Eran falsos, así que ahora quiero que me digas, como creerte.
— Porque sé todo sobre ti, porque nunca te he lastimado, porque sé que no puedes decirme que no quieres mis besos ni siquiera en tus sueños, porque tú me amas tanto como te amo yo a ti. Porque en mi mente todo es sobre ti, porque prefiero condenar mi vida amándote en vez de ser inmortal…Y porque definitivamente, quiero besar tus labios cada vez que te veo, ellos siempre han estado en fuego –Justin se iba acercando lentamente a Taylor, hasta que el tiempo se congeló para todos menos para él y la misma voz de siempre, apareció–
— Rompiste las reglas, Bieber.
— Pero lo hice por amor –Explicó Justin–
— Eso no importa, sabías que no la podías amar.
— Nadie manda al corazón –Protestó Justin–
— Bieber, tú decides: Ella o tu vida –Él tenía dos opciones: La amaba a ella o moría. Moría como un mortal cualquiera–
— Ella. –Dijo decidido– Y antes de que me hagas cualquier cosa, sólo permíteme hacer lo último, cumplir mi deseo: Besarla –Rogó el castaño–
— Tu deseo es el único y último –El guía de Bieber desapareció, Justin volvió a su posición y antes de rozar sus labios con los de ella, el tiempo volvió a correr. Cuando estuvo a punto de besarla, se alejó un poco y contempló cada centímetro de su rostro–
— Amor, esta será la última vez que te bese; así que quieres que sigas adelante con tu vida y que siempre recuerdes que te amo y te amaré, donde quiera que esté.
— Pero, ¿cómo dices eso? Este no será el último, Justin, no lo será –Dijo ella y las lágrimas no tardaron en llenar su rostro–
— Eras tú o mi vida, te elegí a ti –Él la besó con pasión, amor y dulzura. Saboreó cada milímetro de sus labios y jugó levemente con su lengua, hasta que el oxígeno los traicionó y se separaron– Tú eres hermosa , te amo–Justin desapareció, él había muerto como mortal, sólo sería un ángel de ese día en adelante–
— También te amo, Justin –Susurró Taylor, miró al cielo y secó sus lágrimas– Te amaré donde sea que estés –Frente a los ojos de la castaña pasó un cometa, ella sonrió ampliamente– Siempre lo haré.
NONONONO QUE INDIGNACIÓN. ¿PORQUÉ NADIE HA COMENTADO EN ESTA NOVELAZA? O ES QUE A MI NO ME SALEN LOS COMENTARIS. YO QUIERO 2ª PAAAAAAAAARTE!
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