— ¡Taylor! –Sonrió Chaz al verme sentada junto a él–
— Hola…–Traté de sonreír–
— ¿Otro mal día? –Me preguntó–
— Ninguno ha sido bueno desde hace tres años –Lo miré triste–
— Oh Taylor. La separación de mis padres no me dolió tanto –Me dijo para animarme–
— Los tuyos no han muerto juntos en el mismo auto mientras intentaban tener una cita para reconstruir su familia –Le respondí–
El iba a decir algo pero llegó la maestra Leila, una mujer totalmente amargada que con sólo poner un pie en el salón de clases obtenía el silencio de todos los alumnos. Ella empezó su muy aburrida clase; mientras explicaba yo sólo escribía tonterías en mi cuaderno, pero cuando lo noté esas tonterías eran el comienzo de una canción o un verso.
— O’ Conelle, ¿Qué fue lo último que dije? –Me llamó la atención la profesora–
— Yo…–El timbre sonó– Le digo la próxima clase –Sonreí descaradamente, tomé mis libros y mi dirigí al salón B-107, el de biología–
— ¡Espera Taylor! –Alguien gritó a mis espaldas, era Chris – ¿Me prestas tus apuntes de física?
— Claro –Le di el cuaderno sin recordar que sólo había escrito la introducción de la clase y que lo otro que quedaba en la parte trasera era la canción–
— Gracias princesa –El rubio besó mi mejilla y se fue a su salón de clases–
Entré al salón y me encontré con la mirada miel de Justin sobre mí y de igual manera la mirada café de Chaz. Me senté delante de Chaz y detrás de Justin, es decir en medio de ambos. Saludé a Chaz y hablé con él hasta que el profesor Smith apareció y nos pidió que hiciéramos silencio. Cerré la boca y mientras el profesor explicaba su clase yo le prestaba atención hasta que sonó el timbre, recogí mis cosas y cuando iba a salir del salón sentí como alguien sujetaba mi brazo.
— ¿Qué clase tienes? –Me preguntó Chaz–
— Español –Bufé–
— Genial –Sonrió– Es la misma que le toca a los demás chicos. Luego pasaremos el receso, juntos, ¿No? –Me sonrió–
— Supongo –Lo miré sonriendo–
Él se ofreció a llevar mis libros y por más veces que le dije que no era necesario Chaz insistió y terminó llevándolos. Justin como siempre, nos había alcanzado al igual que Logan y Ryan. Ellos dos se comportaban como legítimos homosexuales mientras los demás reíamos.
En el salón nos esperaba Chris , me entregó mi cuaderno y me dio las gracias. Me senté detrás de Logan, quien era el primero en la tercera fila de asientos. Detrás de mí se sentó Justin, a mi izquierda Chaz y a mi derecha Chris, mientras Ryan se sentó a la derecha de Logan.
La clase pasó como agua desde mi punto de vista, ya que no le presté nada de atención a la profesora López, estaba muy ocupada en mis pensamientos pero el timbre de receso los interrumpió.
— ¿Vamos Taylor? –Me dijo Ryan–
— Vamos –Tomé mis libros y salí del salón con los chicos–.
Por Dios, como amaba a esos chicos.
Logan era como el segundo hermano mayor que siempre quise y nunca tuve. Chaz era como mi mejor amigo, le podía contar lo que fuese y siempre me daba un consejo. Chris era algo misterioso pero eso no cambiaba que lo quisiera mucho, el siempre estaba para mí cuando menos lo imaginaba pero siempre lo necesitaba. Ryan era quién siempre me hacía reír en el momento menos indicado, en el momento en que no veía la mínima salida al final del túnel. Y por último Justin, es increíble que mantenga una amistad profunda con cuatro de esos cinco chicos y en cuatro años no haya podido conocer mejor a ese irlandés; ese chico era en efecto misterioso, siempre me hacía sentir mejor, sonreír y ver el lado bueno del mundo. Me daba razones para continuar con la vida, aparecía en los momentos en que menos lo esperaba, cada vez que lloraba él secaba mis lágrimas, me celaba, me abrazaba siempre y me hacía sentir una protección única y extrañamente sobrenatural, porque cuando estaba con los demás chicos me sentía “protegida” ya que estaba rodeada por hombres pero con la simple presencia de Justin todo cambiaba, me hacía sentir en otro mundo, en otro nivel de protección, me hacía sentir en la nubes.
— Taylor –Dijo Chaz pasando su mano frente a mi rostro tratando de llamar mi atención–
— ¿Qué? –Lo miré atónita–
— ¿En qué pensabas? –Rió y me miró pícaramente–
— Idiota –Reí y golpeé levemente su hombro–
— Taylor –Me miró Chris– ¿Puedo hablar contigo un segundo?
— Claro –Sonreí–
El rubio me tomó de la muñeca y me alejó a unos cuantos dos metros de los demás, me miró a los ojos y me devolvió mi cuaderno de física.
— ¿Era todo? –Lo miré confundida–
— No, linda –Me miró serio– No copiaste nada, así que te copié lo que faltaba, pero noté porque no lo copiaste –Hizo una pequeña mueca, mi sangre se congeló– Taylor, ya debes olvidar lo de tus padres, sé que es duro, sé que para ti era suficiente con una separación y que tenías fe en que volvieran a estar juntos y quizás escribir una canción sea algo bueno para olvidarlos pero te recomiendo que recuerdes menos el tema, el simple hecho de recordarlo y culparte a ti y a tu hermano te hacen mal –Pausó– Entiéndelo preciosa –Me abrazó– Sabes que los chicos y yo queremos verte feliz, tal y como lo eras cuando tenías trece. Sé que era duro ver las peleas de tus padres, pero recuerdo perfectamente como en algunos momentos te olvidabas del mundo y sonreías sinceramente, desde el corazón –Me soltó– ¿Crees que puedas volver a ser esa niña que tan feliz nos hacía?
— Chris –Suspiré y junté mi mirada con la suya– Sabes que si quiero, pero para mí es duro perder a mi madre, la única amiga femenina que tenía, a mi padre, el único que sin importar lo que pasara siempre tenía tiempo para hablar conmigo durante el momento en que quisiera, y perderlos juntos mientras yo sostenía la ilusión de su reconciliación fue lo que me devastó –Admití al fin– Por eso escribí: “Mi inmortal” porque es el dolor que no puedo sanar, el que se siente tan real –Suspiré nuevamente, tomé la mano de Chris y la puse en mi corazón– Eso que sientes latir, latía con ilusión, sin ver la realidad, ahora late en busca de un ángel guardián, la felicidad y alguien que sane cada herida, borre cada cicatriz y me haga olvidar el pasado que siempre perseguirá este presente y el futuro que algún día llegará –Miré a Chris directamente a los ojos y sin saber porqué, mi vista se nubló y de mis ojos, miles de lágrimas salieron. Él quitó su mano de mi pecho y dulcemente acarició mi mejilla, me abrazó y susurró en mi oído:
— Olvida el mundo, cierra los ojos y disfruta de la montaña rusa que es la vida. El pasado influye en tu futuro, cierto, pero te recuerdo que si piensas que hay cosas que el tiempo no borrará, así será, pero si intentas superarlo, lo lograrás, princesa –Besó mi frente– ¿Te molesta si te adopto? –Yo lo miré extrañada– Te explico, como recuerdas vivo sólo con cuatro chicos revoltosos y si a tu hermano no le molesta puedes ir a vivir con nosotros, no
creo que a los demás les moleste –Sonrió–
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