Yo me esfuerzo en subir capitulo seguidamente para que vosotras podáis leer más rápido la novela y me cuesta, me cuenta mucho escribir, hay días que no tengo inspiración pero hago lo que puedo para que vosotras leáis el capitulo y ¿vosotras que hacéis? NADA, parecéis fantasmas y estoy harta, muy harta. Decís que la leéis pero no sé. Acabaré la novela por la gente que la sigue. Solo pido una cosa, que comentéis pero ni eso. La novela a voy ha acabar pronto, solo quedan unos 10 capítulos. Iba ha hacer segunda parte pero por lo que veo no, no la voy ha hacer.
Hago una foto para ver quien lee y nada, es que ni en la misma foto os molestáis en comentar. Muchas gracias *ironía*. Bueno, ya tenéis otro capítulo, gracias por leer.
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Hago una foto para ver quien lee y nada, es que ni en la misma foto os molestáis en comentar. Muchas gracias *ironía*. Bueno, ya tenéis otro capítulo, gracias por leer.
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Yo saqué mi cuaderno de bocetos de arte de mi casillero y la
entré en mi mochila. No, no estoy loca, el cuaderno que entré en casa es en el
que hago los bocetos para diseñar los vestidos de patinaje de Sam, pero el que
saqué de mi taquilla es que uso para clases de Arte.
Cerré la pequeña puerta de metal y me fui al
aula, me senté junto a Justin, delante de Ryan y detrás de Caitlin cuando justo
sonó la campana y el profesor llegó al aula, nos repartió los exámenes y
comenzamos a llenarlos, estaba extremadamente fácil.
— Terminé –Dije y entregué mi examen al profesor, fui la décima del aula en terminar. Los chicos ya habían terminado pero yo quedé revisando mis respuestas–
— Bien señorita O’ Conelle, puede salir del aula o quedarse aquí hasta que el timbre suene para su próxima clase.
— Saldré. Gracias profesor –Sonreí, tomé mi mochila y salí del aula–
— Al fin terminas –Rió Caitlin–
— Estuve revisando –Contesté–
— No nos mientas, estuviste comparando respuestas con Kevin, ¿No es así? ¡NO! Jimmy Protested –Todos reímos, Ryan está loco–
— ¿Cómo les fue a ustedes? –Pregunté–
— Bien –Rió Justin y me abrazó por la cintura mientras estaba detrás de mí–
— She’s Mine! –Gritó Ryan y me abrazó, reímos otra vez–
— Primero Anne Bennett, luego tu relación con una tal…—Fingí no recordar a la chica–Elizabeth Murray–Dije dramáticamente– Ryan Butler, soy tuya pero a la vez soy tu amante y por mucho –Agregué haciéndome la sufrida. Reímos–
— Touché, te engaño, pero aún así te amo –Reímos un poco más–
— ¿Vamos al salón de Arte? –Preguntó Justin al escuchar el timbre sonar–
— Sí –Sonreí y tomé un poco de agua de la botella que había sacado del refrigerador esta mañana–
— Terminé –Dije y entregué mi examen al profesor, fui la décima del aula en terminar. Los chicos ya habían terminado pero yo quedé revisando mis respuestas–
— Bien señorita O’ Conelle, puede salir del aula o quedarse aquí hasta que el timbre suene para su próxima clase.
— Saldré. Gracias profesor –Sonreí, tomé mi mochila y salí del aula–
— Al fin terminas –Rió Caitlin–
— Estuve revisando –Contesté–
— No nos mientas, estuviste comparando respuestas con Kevin, ¿No es así? ¡NO! Jimmy Protested –Todos reímos, Ryan está loco–
— ¿Cómo les fue a ustedes? –Pregunté–
— Bien –Rió Justin y me abrazó por la cintura mientras estaba detrás de mí–
— She’s Mine! –Gritó Ryan y me abrazó, reímos otra vez–
— Primero Anne Bennett, luego tu relación con una tal…—Fingí no recordar a la chica–Elizabeth Murray–Dije dramáticamente– Ryan Butler, soy tuya pero a la vez soy tu amante y por mucho –Agregué haciéndome la sufrida. Reímos–
— Touché, te engaño, pero aún así te amo –Reímos un poco más–
— ¿Vamos al salón de Arte? –Preguntó Justin al escuchar el timbre sonar–
— Sí –Sonreí y tomé un poco de agua de la botella que había sacado del refrigerador esta mañana–
Todos nos dirigimos hasta el dichoso lugar. Nos sentamos en
parejas, Ryan y Bieber, Caitlin y yo.
La clase pasó como agua o al menos así la sentí yo. Así la sientes cuando te la pasas pensando en tu vida personal en mitad de las explicaciones de un profesor. Según me explicó Caitlin teníamos que hacer un dibujo de cualquier cosa, yo simplemente miré al infinito toda la clase y cuando el profesor pidió nuestras obras, yo arranqué una de mi cuaderno, un abstracto, y se lo entregué. Oh sí, me sentí Picasso.
Al compás del timbre de receso y a la vez salida se movieron mis pies, llegué a la cafetería escolar, hice una fila sin fin y tomé un muffin de chocolate y otra botella de agua.
— ¡Taylor! –Me llamó Chaz–
— ¿Sí? –Contesté–
— ¿Vuelves a casa? –Me preguntó–
— Ahora no, voy de compras con Sam y luego vamos a trabajar. Llegaré a casa a eso de las siete; yo preparo la cena –Reí–
— Está bien –Rió el también– ¿Te sientas con nosotros? –Preguntó Justin–
— Es difícil decir que no, pero hoy me sentaré con Alex, Chad, sus demás amigos y la porristas –Torcí los ojos–
— Si tanto te molesta, ¿por qué vas con ellos? –Me preguntó Payton–
— Pues porque Alex es mi hermano y hace mucho tiempo que no comparto ni un segundo con él. Lo extraño de cierta forma; sólo estoy con él un día a la semana en los recesos y los sábados a veces almorzamos juntos, pero no es lo mismo, así que iré con ellos –Bufé–
— Suerte, enana –Rió Ryan–
Sí, evidentemente lo notaron, mi hermano es “popular”, es parte del equipo de futbol americano y por eso las porristas corren por esos chicos. Se podría decir que yo podría ser una de ellas, pero yo prefiero seguir siendo una chica común a ser como una de esas plásticas que sólo buscan sexo. Eso de que hay porristas inteligentes sólo se da en oportunidades de una en un millón.
Respiré profundo, entré mi muffin en su envoltura en mi mochila y tomando agua me dirigí a la mesa. Las porristas me miraron con asco, los amigos de mi hermano con deseo, Chad de una manera graciosa y mi hermano feliz.
— ¡Taylor! –Me abrazó– ¿Cómo has estado?
— Bien –Le sonreí–
— Ash, idiota tu día con él es el Viernes, donde la gente casi no nos mira –Gruñó una morena de ojos azules–
— Exactamente pendejita –La secundó una rubia–
— Nos avergüenzas, asquerosa –Siguió una castaña–
— ¿Alex? –Lo miré esperando que me defendiera, yo ya tenía la vista nublada y la voz cortada–
— Ellas tienen razón Taylor, debes irte –Me miró–
— Eres un imbécil –Le dije mirándolo a los ojos. Levanté mi mano para abofetearlo, pero por respeto, no lo hice–
— ¿Un imbécil? ¿Quién cuidó de ti por seis meses hasta ahora? –Gritó delante de todos. Rápidamente se formó un círculo alrededor de nosotros–
— ¿Seis meses? ¡Ni siquiera lo lograste por dos, idiota! ¡Nos embargaron y llevo cuatro meses viviendo sola con mis amigos! –Le grité más fuerte– ¡Durante los dos meses que pasé contigo eras extremadamente tierno, y aunque a veces escuchara tus gemidos por lo que te hacía una de esas perras –Señalé a las animadoras– aunque tuviera que limpiar todo luego de una de tus fiestas o tuviera que llorar por ser un estorbo en tu vida nunca me importó! ¿Sabes qué? En un mes de mudas solo, yo no voy a volver a vivir con alguien como tú –Grité más fuerte que nunca aún conteniendo las lágrimas que mis ojos retenían; todos los de los alrededores gritaban “ooooohh” o “¿Vas a dejar que tu hermanita te diga eso?”. De la nada sentí un fuerte ardor en mi mejilla izquierda, el dolor se apoderó de mí, Alex me había pegado– ¡Desgraciado mal nacido! –Le grité, no le iba a devolver el golpe, si lo hacía el seguiría golpeándome–
— ¿Cómo te atreves a ponerle la mano encima?
La clase pasó como agua o al menos así la sentí yo. Así la sientes cuando te la pasas pensando en tu vida personal en mitad de las explicaciones de un profesor. Según me explicó Caitlin teníamos que hacer un dibujo de cualquier cosa, yo simplemente miré al infinito toda la clase y cuando el profesor pidió nuestras obras, yo arranqué una de mi cuaderno, un abstracto, y se lo entregué. Oh sí, me sentí Picasso.
Al compás del timbre de receso y a la vez salida se movieron mis pies, llegué a la cafetería escolar, hice una fila sin fin y tomé un muffin de chocolate y otra botella de agua.
— ¡Taylor! –Me llamó Chaz–
— ¿Sí? –Contesté–
— ¿Vuelves a casa? –Me preguntó–
— Ahora no, voy de compras con Sam y luego vamos a trabajar. Llegaré a casa a eso de las siete; yo preparo la cena –Reí–
— Está bien –Rió el también– ¿Te sientas con nosotros? –Preguntó Justin–
— Es difícil decir que no, pero hoy me sentaré con Alex, Chad, sus demás amigos y la porristas –Torcí los ojos–
— Si tanto te molesta, ¿por qué vas con ellos? –Me preguntó Payton–
— Pues porque Alex es mi hermano y hace mucho tiempo que no comparto ni un segundo con él. Lo extraño de cierta forma; sólo estoy con él un día a la semana en los recesos y los sábados a veces almorzamos juntos, pero no es lo mismo, así que iré con ellos –Bufé–
— Suerte, enana –Rió Ryan–
Sí, evidentemente lo notaron, mi hermano es “popular”, es parte del equipo de futbol americano y por eso las porristas corren por esos chicos. Se podría decir que yo podría ser una de ellas, pero yo prefiero seguir siendo una chica común a ser como una de esas plásticas que sólo buscan sexo. Eso de que hay porristas inteligentes sólo se da en oportunidades de una en un millón.
Respiré profundo, entré mi muffin en su envoltura en mi mochila y tomando agua me dirigí a la mesa. Las porristas me miraron con asco, los amigos de mi hermano con deseo, Chad de una manera graciosa y mi hermano feliz.
— ¡Taylor! –Me abrazó– ¿Cómo has estado?
— Bien –Le sonreí–
— Ash, idiota tu día con él es el Viernes, donde la gente casi no nos mira –Gruñó una morena de ojos azules–
— Exactamente pendejita –La secundó una rubia–
— Nos avergüenzas, asquerosa –Siguió una castaña–
— ¿Alex? –Lo miré esperando que me defendiera, yo ya tenía la vista nublada y la voz cortada–
— Ellas tienen razón Taylor, debes irte –Me miró–
— Eres un imbécil –Le dije mirándolo a los ojos. Levanté mi mano para abofetearlo, pero por respeto, no lo hice–
— ¿Un imbécil? ¿Quién cuidó de ti por seis meses hasta ahora? –Gritó delante de todos. Rápidamente se formó un círculo alrededor de nosotros–
— ¿Seis meses? ¡Ni siquiera lo lograste por dos, idiota! ¡Nos embargaron y llevo cuatro meses viviendo sola con mis amigos! –Le grité más fuerte– ¡Durante los dos meses que pasé contigo eras extremadamente tierno, y aunque a veces escuchara tus gemidos por lo que te hacía una de esas perras –Señalé a las animadoras– aunque tuviera que limpiar todo luego de una de tus fiestas o tuviera que llorar por ser un estorbo en tu vida nunca me importó! ¿Sabes qué? En un mes de mudas solo, yo no voy a volver a vivir con alguien como tú –Grité más fuerte que nunca aún conteniendo las lágrimas que mis ojos retenían; todos los de los alrededores gritaban “ooooohh” o “¿Vas a dejar que tu hermanita te diga eso?”. De la nada sentí un fuerte ardor en mi mejilla izquierda, el dolor se apoderó de mí, Alex me había pegado– ¡Desgraciado mal nacido! –Le grité, no le iba a devolver el golpe, si lo hacía el seguiría golpeándome–
— ¿Cómo te atreves a ponerle la mano encima?
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