lunes, 21 de enero de 2013

Capitulo VI:

— Me caí el escenario, caí sobre otro participante, me rompí un pierna y nos descalificaron a ambos –Me sonrojé un poco más mientras Payton reía y Caitlin me miraba divertida–
— Debió ser una caída que los jueces nunca olvidarán –Rió Caitlin–
— En realidad yo tampoco la olvidaré –Reímos y alguien tocó la puerta–
— Adelante –Dijo Payton–
— Tay, dejaste tu celular abajo –Sonrió Logan y me lo dio–
— Gracias –Reí–
— Por nada –Respondió él y miró a Caitlin– Señorita Bradley , ¿me acompaña a ver una película abajo? 
— Claro que sí, señor Logan –Ambos rieron y salieron de la habitación–
— Bien, ya me voy –Sonreí– Adiós Payton –Sonreí y bajé las escaleras–
— Adiós –Escuché como gritaba desde la habitación. Sonreí, ella y Caitlin eran muy agradables, me caían de maravilla–
— ¿A dónde vas, Taylon? –Me preguntó Chaz saliendo de la cocina seguido de Justin– 
— Voy a caminar un rato, quiero conseguir un empelo –Reí–
— ¿Quieres que te acompañemos? –Preguntó–
— Claro, no me molestaría –Sonreí–
— Vamos –Sonrió él– ¿Vienes Bieber? 
— Claro –Sonrió el castaño claro–
Eso era extraño, Justin casi nunca salía de esa casa, pero igual no le tomé mucha importancia. Chaz tomó su billetera y las llaves de la casa, Justin copió su acción y ambos salieron por la puerta detrás de mí. 
Empezamos a caminar y sólo había visto dos locales que solicitaban empleados: Una pequeña heladería en dónde sería mesera. La paga no era mala, eran 300 dólares cada quince días, pero los uniformes parecían de prostitutas, los hombres miraban sin disimulo alguna para centímetro del cuerpo de las mujeres, eso no me gustaba. 
El segundo lugar fue en una tienda de discos muy colorida y variada, dónde te pagan 700 dólares cada mes y tenían uniformes decentes, pero la vacante era para mayores de 18 años, yo tenía 17.
Suspiré, estaba totalmente frustrada. Tenía inmensas ganas de aferrarme a alguien y dejar salir un incontrolable mar de lágrimas, pero no podía rendirme porque una puerta se cerrara, ¿O sí? 
En realidad no me importaría mucho, pero el mayor problema no es sólo eso, el problema es que no quiero que los chicos me mantengan pero tampoco quiero andar sin medio centavo, simple y sencillamente mi vida estaba jodida.
— ¿Qué te pareció la heladería? –Me preguntó Chris al salir de la tienda de discos–
— ¿Bromeas, cierto? Esas mujeres parecen…–Callé y me quedé mirando fijamente un punto definido, más bien a Justin; Estaba parado frente a Chris y a mí hablando con una chica, abrazándola, hasta que ella lo besó. Quedé en un completo estado de shock, eso no podía a haber sido verdad. Yo me había enamorado de Justin años atrás pero había sido algo pasajero, aunque al verlo con esa chica sentí como mi mundo caía por mil pedazos lentamente. Miré a Chris, él estaba atónito– Al diablo –Susurré con pura tristeza y salí corriendo en dirección contraria a todos–
No sabía a dónde me dirigía, tampoco me importaba. Corría y corría, como si no hubiera mañana hasta que sinceramente me cansé y paré, había recorrido ocho calles o más. 
Miré a mi alrededor, habían un centro comercial, dos pequeños restaurantes, una sucursal de Starbucks, una floristería y una ¿pista de patinaje sobre hielo? ¡Por Dios amo el patinaje! ¡Hacía que me olvidara de todo! Eso ayudaría en este momento… ¿No?
Entré al recinto y fui a un kiosco para alquilar mis patines.
— ¿Qué número? –Me preguntó la muchacha que atendía–
— Siete de mujer, por favor –Le sonreí–
— Son cinco dólares –Dijo dándome los patines–
— Aquí tiene –Le di en billete, tomé los patines, me los puse y bajé a la pista–
En las gradas había varias personas, niños, adolescentes, adultos y un hombre de algunos cuarenta y seis años que mientras yo patinaba no me sacaba los ojos de encima, pero no me importó mucho que digamos.
Empecé a ser mil y una piruetas que conocía, de pequeña el patinaje era mi pasión ya que mezclaba el baile con el frío del hielo y por algún motivo mi debilidad siempre ha sido el invierno, ya que me recuerda a cada navidad con mis padres cuando formábamos guerra de bolas de nieve junto a mi hermano.
Ayudé varias veces a niños a levantarse al caerse y a varias pequeñas les enseñé giros sencillos, pero justo cuando iba a ser un giro que consta de saltar en el aire, girar en él, bajar y quedar en un pie la escena de aquella rubia besando a Justin volvió a mi mente. Caí al hielo y gracias a Dios no me hice daño.
Cuando me iba a levantarme vi a alguien que me ofrecía su mano. No divisé su rostro hasta después de haber aceptado su acto y haberme parado, era el mismo hombre que me había estado observando. Me estremecí, me había asustado.

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