martes, 15 de enero de 2013

Capitulo IV:


— Tay, princesa, despierta, sólo te quedan cuarenta minutos para empacar tus cosas –Decía aquel canadiense–

— ¡Maldita sea! –Desperté de golpe, sentía como mi corazón podría salir en cualquier segundo por mi boca. Justin me cargaba en sus brazos y no sé ni cómo diablos me bajé de ellos en menos de treinta segundos, Salí corriendo y abrí la puerta de la casa para encontrarme con la preocupada mirada de Alex mientras bajaba las escaleras con dos maletas tras él–
— Supongo que te veré en la escuela, ¿No? –Me dijo tristemente–
— Sí, además iré muchas veces a molestarte a ti y a Chad en su departamento –Sonreí y mi hermano copió mi gesto–
— Vete a empacar pequeña boba –Rió mientras yo subía las escaleras hasta mi habitación–
Esta sería la última vez que estaría dentro de esa casa, la casa dónde crecí, dónde tuve los mejores recuerdos de mi niñez y eso ni un maldito embargue lo podrá borrar. Mis ojos se llenaron de mil lágrimas y nueva vez miré al techo, como esta mañana.
— Dios, dime porque, porque no puedo ser como las demás chicas, sin tantos sufrimientos, con una verdadera familia, con un protección…Con un ángel guardián –Suspiré y sequé mis lágrimas– Maldita sea –Miré el reloj de la pared que frente a mí quedaba. Sólo treinta minutos–
Velozmente fui a mi habitación, tomé dos maletas y dejé vacío mi closet, dejando la ropa que no usaría sobre mi cama y entrando la que siempre ocuparía. Empecé a adorar cada centímetro de esa habitación de niña de la cual siempre me quejé pero que ahora no quería abandonar. Tomé una pequeña fotografía que había debajo de mi almohada. Mi familia. Así era de unida. Recuerdo que quien tomó esa foto fue un señor que había en la playa al cual mi madre le tendió la cámara. Luego encontré otra foto, era de mis padres, justo de cuando Alex y yo teníamos diez años. Ellos eran felices, no sé porque empezaron esas peleas, esas horribles peleas. Y por último una foto mía con mi hermano, a los nueve años. ¿Cómo olvidar ese momento? Estábamos en un parque, sentados en un puentecillo sobre el lago; Me gustaba un niño, Harrison, pero él siempre me trataba mal cuando le intentaba hablar, me hacía llorar mucho mas cuando se lo conté a mi hermano, él me sacó una sonrisa diciéndome que le rompería la cara de un solo golpe; desde niña era dulce (Notorio sarcasmo el mío).
Guardé las fotografías en un mi bolso, tomé mis ahorros, formé tres mil dólares. No era mucho, pero sobreviviría con aquella cifra por lo menos dos meses, de todas formas buscaría un trabajo. Ese dinero igualmente fue a parar a mi bolso, como también mi cepillo dental, dos de mis perfumes y todas las canciones que había escrito, las cuales andaban en mil hojas las cuales agrupé en una carpeta. 
Finalmente tomé mi guitarra y la coloqué dentro de su estuche especial, la cargué en mi hombro derecho, mientras en mi hombro izquierdo llevaba mi bolso, en mi mano derecha una maleta y otra en mi mano izquierda. Bajé las escaleras y me encontré con Alex y los chicos hablando y riendo. 
— ¡Taylor! –Gritó Ryan al verme y me ayudó con ambas maletas– Ya de por sí eres enana, no queremos que por tanto peso te quedes más pequeña de lo que deberías –Bromeó y los demás rieron, yo sólo lo fulminé con la mirada– Igual sabes que te quiero.
— Lo sé, todos me aman –Dije dejando escapar mi vanidad, los demás rieron–
— Bien, en cinco minutos llegan a embargar esta casa, así que iré por Queso –Suspiró mi hermano–
— Te odio –Le dije resignada–
— ¿Por qué? –Preguntó–
— Te vas a quedar con el hámster y ¿Aún preguntas? –Reí. Así es, Queso era nuestro hámster, era un pequeño roedor, lo amaba mucho–
Mi hermano rió al igual que Chris y Ryan. Logan y Chaz estaban en la cocina, comiendo. ¿Justin? Estaba en el jardín trasero hablando… ¿Solo? Sí, pues yo no veía ni media alma a sus alrededores, tampoco encontraba la existencia de un celular en su oído, ¿Qué mierda hacía el canadiense?
—Narrador omnisciente—
Ahí se encontraba el chico con pelo castaño claro, hablando con su jefe, quién le había dado su misión.
— Justin, entiende que debes protegerla –Decía aquella voz grave–
— Sé que sí, pero no sé cómo hacerlo sin que ella note que soy un ángel –Se excusaba el canadiense–
— Justin, debes hacerlo tal y como lo han hecho los demás ángeles que Dios ha mandado a la tierra: Tranquilamente.
— Pero comprende, ella no puede saber quien soy –Seguía Justin–
— Bieber, comprende que eres de otro lugar, en el Edén estuviste hasta que ella nació, trece años tardaste para presentarte a ella, pero aún así protegiéndola lejanamente. Ocho años tardaste para poder tomar tu forma humana y parecer un niño cualquiera. Diecisiete años la haz cuidado y no puede ser que ahora te sea difícil. 
— El problema es que noto como ella se lleva con los demás chicos y conmigo es con quién debería llevarse mejor, pero no es así –Se lamentaba el chico–
— Dime, ¿Haz intentado acercarte a ella?
— No, siempre me han dicho que mantenga mi distancia, porque a pesar de ser un ángel, ahora con mi forma humana tengo sentimientos, y no quieren que me enamore de ella –Continuaba explicando aquel chico–
— Justin, estás aquí para cumplir tu misión, para hacerla saber que eres su soporte, estás aquí para cuidarla y cuando logres dejar en su rostro una sonrisa permanente, levantar su ánimo perfectamente y hacer que pueda borrar el dolor que en su corazón ha permanecido desde hace más de cuatro años, tú serás liberado, podrás vivir la vida de cualquier humano normal sin recordar nada de esto, dejarás de ser un ángel, volverás a nacer y tu vida será otra, en tus recuerdos habrá una hermosa familia que habría de ser la tuya, posiblemente tengas a los mismo amigos, a los que ahora no saben quién eres pero en tu vida siguiente te conocerán completamente, porque serás alguien más, un chico que cumplirá sus sueños mediante youtube.. Olvidarás que este, alguna vez, fue tu pasado –Concluyó aquella voz y se marchó dejando a Justin totalmente estupefacto y a Talor observándolo desde dentro preguntándose porque aquel chico “hablaba solo”.
—Narra Taylor—
Justin era raro, pero ¿Tanto como para hablar solo? Definitivamente le iría a preguntar si se encontraba bien. 
Tomé un bocado de aire y justo cuando iba a salir al jardín escuché a Alex llamarme.
— ¿Sí? –Pregunté mientras lo miraba mal–
— Vamos, es hora de irnos –Me dijo seriamente–
— ¿Por qué? –Pregunté–
— Embargarán dentro de pocos minutos y Mariatte dijo que esta casa estaría sin ninguna persona dentro –Suspiró–
Mis ojos se llenaron de lágrimas, era el momento, debía despedirme de la que alguna vez fue mi casa, el lugar que siempre había mantenido sus brazos abiertos para recibirme sin pre-juicio cualquiera. Vi a Chaz cargar mi mochila, a Logan tomar mi guitarra, a Chris tomar una de mis maletas y a Ryan tomar la otra. Logan gritó para que Justin fuera nuevamente con ellos, él al verme llorando, como siempre me abrazó y consoló haciéndome sentir una increíble paz espiritual. Alex nos acompañó hasta afuera y ayudó a los chicos a meter mi equipaje en la cajuela del auto. Justin aún me abraza mientras yo lloraba descontroladamente en su hombro; Él acariciaba mi cabello y me decía al oído cosas como: “No llores, las princesas no tienen porque derramar ni media lágrima” o “Llorar sólo logrará que te desahogues, pero recuerda que la vida es un libro y cada libro tiene un final feliz, por lo que si lo que te pasa ahora es algo desfavorable, puede ser el fin de un capítulo de tu vida, no el final de tu libro” pero pronto me soltó cuando mi hermano se quiso despedir de mí. Alex me abrazó fuertemente, besó mi frente y me dijo simplemente “Te veo mañana, fea”, eso me hizo reír; Besé su mejilla y entré al auto con los chicos, en el mismo orden de antes, sólo una diferencia: Ahora iba en las piernas de Bieber, quien me abrazaba de la cintura y acariciaba mis manos devolviéndome la paz que hace algunos segundos sentía en mi cuerpo. Algo en él era diferente, algo en él me hacía feliz.
— Justin –Le susurré al oído–
— ¿Sí? –Contestó él–
— ¿Por qué cada vez que algo me sucede tú estás? –Le pregunté aún dándole breves susurros al oído–
— Porque así es la vida –Respondió secamente–
¿Qué diablos había hecho? Él hacía unos cinco segundos atrás era muy tierno conmigo y ¿Ahora? Al diablo nuestra amistad.
Continué pensando en una que otra tontería, en la posibilidad de que Justin y yo seamos amigos y en lo raro que era ese chico hasta que la voz de Chaz me sacó de mis pensamientos:
— O’ Conelle, llegamos –Rió, yo lo miré–
— Gracias por el aviso Somers –Reí y esperé a que Ryan aparcara el auto. Chaz fue el primero en bajar, luego Logan y Chris. Yo abrí la puerta y bajé de las piernas de Justin así saliendo por la puerta como si nada hubiera pasado– 
Ryan bajó del auto seguido de Justin y me sonrió. 
— Te ayudaré con las maletas –Rió–
— Gracias –Susurré y lo miré tiernamente–

No hay comentarios:

Publicar un comentario