domingo, 27 de enero de 2013

Capitulo XII:



— Hola Taylor, justo te iba a llamar para decirte que la salida se canceló, pero quizás otro día nos podemos juntar –Me dijo–
— Oh claro, no hay problema. Hasta luego –Reí–
— Adiós –Colgó–
Dejé de reír y me puse roja del enojo, estas cosas sólo me pasan a mí. Hasta las ganas de salir se me quitaron pero bajé las escaleras y al notar la mirada de los chicos sobre mí, abrí la puerta y dije:
— Adiós, ya me voy –Cerré la puerta y subí a mi auto, lo encendí y comencé a conducir hasta un parque que conocía muy bien, pero quedaba un poco lejos–
Al llegar aparqué mi auto y bajé de él, me senté en una banca y empecé a llorar.
— Dios, ¿por qué no puedo tener una vida normal? Así como las vidas de las demás chicas.
Lloré, lloré y lloré durante cuatro horas aproximadamente. Subí al auto y dentro de él tomé una servilleta con la que me removí el maquillaje; volví a casa a las doce y cuarenta y entré con los tacones en la mano.
Los chicos se iban a llevar un buen susto, tenía en mente varia bromas, pero sinceramente, la que más me tentó fue fingir una borrachera extrema, eso los asustaría mucho.
— Al fin llegas –Dijo Chris–
— Hahaha –Reí como borracha– Sí, por fin llegué –Volví a reír y a tambalearme un poco–
— Oh por Dios, estás borracha –Se alarmó Logan–
— ¿Borracha? –Reía y fingía que todo me daba vueltas– No, Hahaha –Cuando iba a subir la escaleras me resbalé y caí al suelo, estaba bien, pero aún así me hice la desmayada para asustar a los chicos–
— ¡Taylor! –Gritó Chaz–
Sentí como Justin me cargó y junto a los otros me dejaron sobre mi cama. Abrí los ojos de par en par, ellos se asustaron.
— Gracias por confiar en mí –Gruñí– Idiotas, ni siquiera bebí, ahora dejen sus celos y vallan a dormir –Los miraba mal– ¿Dónde están las chicas? –Pregunté–
— En la cocina –Contestó Ryan apenado– Buenas noches –Se levantó de mi cama y salió de mi habitación–
— Duerme bien y perdón –Dijo Logan y salió cabizbajo–
— Lo lamento –Salió Chaz–
— Disculpa –Susurró Chris y salió–
— Sueña con los ángeles –Dijo Justin, besó mi frente y me miró directamente a los ojos, poniéndome nerviosa– Sonríe, la vida es bella –Salió de mi habitación. Definitivamente él era raro–

5:00 am. Desperté. 
Me había dormido con el vestido y los tacones, cosa extraña ya que me incomodaba. 
Me levanté de la cama arrastrando los pies pesadamente, a esa hora nadie estaba despierto, todos se levantaban a las 5:15am o 5:30am, así que, feliz de la vida, me dirige al baño de la habitación y me encerró en este. 
Me miré al espejo, mis ojeras eran notables. Lavé mi cara y cepillé mis dientes hasta que al terminar me desvestí lentamente y entré a la ducha dando paso al agua tibia y remojando mi cuerpo en una lluvia artificial que me hacía sentir como nueva. Sequé mi cuerpo y me maquillé levemente, así lograría tapar mis ojeras. 
No llevaría mi mochila hoy, sólo tendría tres clases: Biología, Música y Español. Nunca bendije tanto a mi madre por haber sido puertorriqueña, ella era quien me había enseñado español y vaya que mi acento tampoco era de gringa, era de una latina cualquiera. A veces cuando me enojaba con Ryan le decía: “Pendejo” y él no entendía nada, así que técnicamente no podía defenderse, aunque tampoco lo estaba insultando de la peor forma, ¿o sí?
Hoy sería el campeonato de Sam así que debía estar allí. Debíamos ir al salón para peinarla y maquillarla. Luego pasaríamos por donde la modista para recoger el vestido y que ella se cambiara finalmente en la pista de hielo. 
Lo gracioso es que yo debía pasar por su vestido, dejarla en el salón, buscar una tienda para cambiar las cuchillas de sus patines y pasarla a recoger.
Escuché como Caitlin se levantó, así que con la toalla enredada en mi cuerpo, salí del baño le sonreí, ella hizo lo mismo. 
5:20 A.m. A vestirse.
Me fui al walk-in-closet y me vestí. 
Entré en mi cartera mi libro de Biología (que por algún motivo estaba en mi mochila), un paquete de chicles, mi billetera, mi permiso de conducir y tarjeta de débito de la compañía de Joe (¿Olvidé mencionarlo? Joe había procreado una compañía tras el primer triunfo de Sam, él sabía que ella llegaría lejos y que él tenía madera para ser su manager), mi estuche de lápices, mi iphone, mi ipod y mi bolso de maquillaje.

Miré a la cama de Payton y ella seguía dormida, reí.

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